Esta valiosa aportación directa y sin reservas ataca al átomo del estamento político: cuando un cargo va a cuestas del ciudadano sacrificado. Cuando su mala gestión nos pesa como una mochila llena de piedras. Cuando vertimos cada día lágrimas y sangre porque estamos gobernados por, matiza, mucho de ustedes, por no decir todos, que allá donde existan siempre hay excepciones. Cuando la luz no es más que una ilusión porque el que entra no mejora o incluso empeora la actuación del anterior.
En fin: creo que es la mejor improvisación, sin otro escenario que un habitáculo, un ordenador con una webcam y como bien dice él, "hablando con el corazón, algo que a veces no hago cuando salgo a la calle porque me tendrían que detener, aunque quizá haya un policía que vea que tengo razón y ese les negará".
Esta vez no era una actuación de humor, de hecho si se fijan, no es una actuación porque es un ejercicio espontáneo, como un remolino de emociones progresivas. Es tan auténtico y va subiendo tanto el tono, aunque siempre con moderación en el contenido de sus palabras, que demuestra que el buen actor es capaz de valerse en cualquier registro y que de vez en cuando no actúa, ES, como en esta ocasión.
Sin más preámbulos es un honor dejarles en manos del protagonista, Don Moncho Borrajo:
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